En el apartamento 703 del edificio Arlequín, en una bulliciosa y anónima ciudad sudamericana, la familia Delfín vivía una desafinada sinfonía. Con ellos vivía Solín, un perro mestizo que parecía entender demasiado bien el silencio de la casa.
Valeria, de treinta y tres años, jamás había sentido verdadera paz junto a sus hermanos. Compartía el apartamento con Eva, la mayor, de cuarenta y cinco, y con Paco, treinta y cinco recién cumplidos: bohemio, poeta, actor sin escenario, desempleado que se creía escritor y gurú espiritual.
La relación con Paco —a quien Valeria quería pese a sus pretenciosas reflexiones— formaba parte de la rutina. Pero era Eva quien más la hería. Palabras que se le quedaban clavadas.
El peso de la convivencia se condensaba en un sueño recurrente. En él, Solín atravesaba un espejo: una frontera entre la realidad y el subconsciente de Valeria. Al otro lado encontraba a Eva llorando, murmurando el infierno que —según ella— significaba convivir con alguien tan distinto.
Solín, único confidente, era testigo silencioso de una tristeza que la consumía. El sueño parecía anunciar un cambio. Y un día ocurrió.
Valeria y Paco caminaban con Solín por una avenida rumbo al norte. Lo que parecía trivial —recoger las heces del perro— se volvió un punto de quiebre. Con una agilidad inesperada, Solín se soltó de la correa y se lanzó al tráfico, esquivando vehículos en una danza mortal. Corrieron tras él con el corazón desbocado.
El perro terminó en los brazos de Eva, que caminaba riendo con unas amigas. Solín dejó la traílla en sus manos, como si entregara una carga. Eva habló con Paco. A Valeria no la miró.
—Solín —llamó ella.
El perro no volvió. Esa noche regresaron al 703.
Al día siguiente, Paco partió hacia la capital. Horas después llegaron unas primas con cajas enviadas por Eva. El apartamento se vació con rapidez. Todo desapareció, salvo una estufa vieja: un objeto que nadie quiso llevar. La ausencia se instaló.
Semanas más tarde, Eva regresó con Solín. Entraron al apartamento vacío buscando unos papeles, o tal vez sólo para comprobar lo evidente. El armario de Valeria ya no estaba. Valeria tampoco.
Desde la ventana de la casa donde había encontrado posada, los observaba. Tenía una cama, una llave y acceso a internet para escribir al club de lectura de la biblioteca. Ayudaba en lo que podía. No era una carga. Al menos no allí.
Eva y las primas regresaban al 703 para planear reformas. La estufa vieja terminó en manos del conserje: último vestigio de una vida abandonada.
En la capital, Paco no consiguió trabajo. Ninguna editorial ni canal de televisión le prestó atención. Caminó todo el día sin dinero para un café. En un bar, un hombre lo acogió durante unos meses. Comida, bebida y cama. Paco escribió poemas y relatos breves hasta que fue echado con una sola palabra:
–¡Fuera!
Los textos fueron eliminados.
Esa noche, Paco entró en un callejón donde dormían indigentes. Varios hombres lo rodearon para robarlo. Al no encontrarle nada, lo empalaron. Murió cerca de la medianoche.
Un mes después, Solín se escapó. Nadie volvió a saber de él.
Valeria también perdió el cuarto donde se había refugiado. La dueña dijo que ya no podía tenerla. Recogió sus pocas cosas y se fue sin discutir. El recuerdo de Eva —muerta años después en brazos de un sobrino— a veces regresaba como una voz que no terminaba de apagarse. Después de eso, nadie volvió a ver a Valeria en el edificio Arlequín.
El conserje dice que algunas noches, cuando apaga las luces de la portería, cree ver a una mujer cruzando la calle. Un perro flaco camina detrás de ella. Pero en esta ciudad hay muchos perros callejeros. Y muchas mujeres que ya no tienen a dónde volver.
AUTOR: LUIS ALFONSO PÉREZ PUERTA (COLOMBIA)
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Luis Alfonso Pérez Puerta (Colombia) es Comunicador Social – Periodista, actor y escritor. Ha participado en diversos talleres literarios en Medellín, entre ellos el Taller Literario Aquileo, del Parque Biblioteca Belén y la Biblioteca Comfenalco. Seis poemas publicados en la antología de los talleres literarios Libro Árbol IV (Comfenalco, 2003). Su poesía y narrativa también han aparecido en revistas digitales como Escritores Rebeldes y en medios como El Correo.co y El Espectador. En 2024 participó en el Festival Internacional de Poesía del Valle del Río Grande (Texas, EE.UU.), con la publicación en una antología en PDF del poema: “Con aroma de café”. Autor de relatos breves, columnas de opinión y ensayos, concibe la literatura como un espacio de memoria, sensibilidad y resistencia, donde la palabra ilumina el instante y proyecta la esperanza.
